Ghost Girl by Tonya Hurley

Ghost Girl by Tonya Hurley

Author:Tonya Hurley
Language: es
Format: mobi
Tags: sf_history
Published: 2009-01-11T00:00:00+00:00


11. Tan viva

Mi lema: "sans límites".

—Isadora Duncan Que quieres hacer qué??!! Scarlet, atónita, escupió una cucharada entera de sopa de guisantes sobre la mesa de la cafetería. No podía creer lo que acababa de escuchar.

Charlotte dio un respingo, cerró los ojos como si fuera a alcanzarla la ráfaga de sopa y sonrió por un segundo ente el momento exorcista.

Piccolo Pam observaba el tête a tête desde la mesa muerta, sintiéndose algo excluida.

—Entonces, ¿qué te parece? preguntó Charlotte de nuevo, examinándose el vestido en busca de restos de sopa que limpiarse y esperando obtener esta vez una respuesta algo más favorable.

—Me parece que esta mañana has brillado por tu ausencia en los lavabos cuando te necesitaba y que ahora pretendes utilizarme dijo Scarlet.

—Siento no haberme presentado. Andaba metida en otro asunto contestó Charlotte. —¿Metida en otro asunto o en otra persona? puntualizó Scarlet.

—Yo también tengo mi vida...O sea, bueno, ya sabes lo que quiero decir repuso Charlotte a la defensiva. —¿Y qué gano yo con esto? preguntó Scarlet.

—Bueno, ¿es que nunca has querido ser invisible? dijo Charlotte.

—Todos los días repuso Scarlet.

—Pues mira, ahí lo tienes, ésta es tu oportunidad insistió Charlotte.

Una sonrisa surcó el rostro de Scarlet de oreja a oreja, mientras Charlotte la cogía de la mano y la sacaba de la cafetería.

—Espera, ¿dónde vamos? Todavía tengo hambre dijo Scarlet mientras Charlotte tiraba de ella.

—Ya, ¿y no prefieres comer en la sala de profesores? dijo Charlotte, insinuando un mar de posibilidades a una Scarlet a quien ya picaba la curiosidad.

Mientras buscaban una sala desierta, prosiguieron con su conversación. A los estudiantes con los que se cruzaron por el pasillo les pareció que Scarlet hablaba sola.

Como si a Scarlet le importara algo. Era una de las cosas que más le gustaban de ella a Charlotte. Esa desfachatez en público, que exhibía como una condecoración, era algo que sin lugar a dudas compartía con su hermana, aunque de manera muy distinta. Petula era una líder; Scarlet una paria. Una buscaba el placer de sentirse idolatrada; la otra, el de sentirse ignorada. Charlotte no era ni una cosa ni la otra: ni tan estupenda como para que la adoraran ni tan descarada como para que la odiasen.

Las chicas encontraron una sala vacía al fondo del pasillo. Charlotte entró primero para comprobar que no había ningún estudiante escondido en alguna esquina y luego hizo una señal a Scarlet para indicarle que no había moros en la costa. Ésta entró y cerró la puerta. Las luces estaban apagadas y la única fuente de luz emanaba de las soluciones químicas fluorescentes que burbujeaban azules, rojas y violetas en el interior de vasos de precipitados colocados sobre mecheros Bunsen. Un sitio alucinante para tumbarse en el suelo a desconectar, con el iPod a todo volumen, pero en las circunstancias actuales resultaba escalofriante.

Ambas eran conscientes de que estaban a punto de intentar algo que nadie había hecho antes. Algo más allá de lo desconocido; más allá de la vida y de la muerte. Ninguna sabía con certeza qué



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